domingo, junio 08, 2014

La calle es mía, o tuya, o suya, pero no nuestra.

Un fantasma recorre occidente, un fantasma de sudor y fatiga, un fantasma corredor. El running (léase ráninj, una evolución violenta y proselitista de la actividad antaño conocida con salir a correr, a la cual está desplazando de su nicho ecológico) es la actividad mediante la cual se canaliza la angustia vital que provoca la precariedad, el no tener control sobre la propia vida o la frustración laboral a través de la consecución de metas inmediatas y medibles en lo deportivo. Tras la misma, se debe informar a cuantas personas sea posible de la proeza y tratar de convencerlas para que sigan nuestros pasos. Todo esto lo explica mucho mejor que yo Sara.

Este fantasma ha llegado, como era de esperar, a la capital española de la vigorexia: Valencia. La infección de ráninj, aunque a veces ligeramente molesta, no es más peligrosa para el huésped que los millones de E. Coli que tenemos viviendo en el intestino. El problema es que Valencia estaba ya infectada por una patología amebiana conocida como La. Ciudadelalgo; y como sucede a veces cuando ambas se juntan, el mecanismo de defensa que ha creado la a priori gratuíta (al menos en los estadios aficionados de la patología, luego ya llegan las mallas y las Mizuno Wave Prophecy 3 a cien pavos el par para evitar la pronación) E. Ráninj ha sido convertirse en un parásito de la infección amebiana ya existente y en una amenaza para su huésped gracias a ese proyecto de alargada colonia bacteriana conocida como La Ciudad del Ráninj.


¿Qué tiene la Ciudad del Ráninj que los vuelve loquitos? Al fin y al cabo, estamos hablando de una obra que una entidad privada le regala a la ciudad y que sólo convertiría un espacio público y de todos de uso completamente libre en un procomún totalmente especializado.

Este caso de privatización o semiprivatización de un espacio público a cambio de algún tipo de mejora por desgracia no es nuevo, menos aún en Valencia. Si bien la privatización no tiene por qué ser explícita (como lo es en el caso del Umbracle, donde parte del jardín está totalmente cedido a una discoteca para que hagan sus fiestas pijas) sí que suele ir acompañada de una exclusión del espacio del lumpen, como diría un conocido político. Se crean mejores procomunes a cambio de excluir de su uso a quienes no tienen capacidad organizativa, legal, física etc. Para usar estas nuevas instalaciones.

Sin salir de Valencia, un ejemplo muy claro y paradigmático de esto son las reformas que se hicieron en los campos de fútbol que hay frente a las torres de Serranos. Estos campos de fútbol de tierra acogían tanto los campeonatos reglados (la liga de fútbol infantil, ligas amateur, ese campeonato paralelo en el que la mayoría de equipos estaban formados por inmigrantes sudamericanos con camisetas del Banco Pichincha…) como pachangas de colegas o campeonatos informales organizados en su mayoría por inmigrantes, además de ser usados los fines de semana como lugares de picnic y barbacoa por, de nuevo, inmigrantes ecuatorianos y colombianos acompañados por algunos aborígenes valencianos. Por motivos que a buen seguro nada tenían que ver (JAJAJAJAJAJAJ AJAJAJAJAJAAJAJAJAJ AJAJAJAJAAJAJAJAJAJJAJAJ AJAJAJAJA JAJ JAJAJAJAJAJA JAJAAJAJAJAJAJ AJAJAJAJAJAJAJA AJAJAJAJA JAAJAJAJAJ AJJAJJAA) y aprovechando entre otras cosas ese dinero mágico que vino del Plan E, los campos de fútbol de tierra fueron cubiertos de césped artificial, se instaló un mejor sistema de riego, se hicieron mejores vestuarios para los equipos que allí jugaban y, para evitar el deterioro se vallaron. Ahora, para jugar ahí, si el tiempo lo permite, hay que disponer del permiso de la autoridad, cosa que antes era del todo impertinente. Creo que no hace falta decir a qué grupo de los antes mentados excluye esta mejora de las instalaciones “comunes”.

La valla de "antes" fue cuando se empezó a cerrar para las obras, no eran un elemento permanente.

Este intento de ordenación y “guapización” de los espacios comunes siempre acaba cebándose con los mismos, que son los que “afean” las ciudades. El Barcelona posa't guapa no fue sino una expulsión de mendigos de mayor duración que la expulsión de los vagabundos que vivían debajo de los puentes cuando el Papa católico visitó Valencia. Muchos de los cambios de mobiliario urbano de los últimos años van en la misma dirección. ¿Qué utilidad tienen esas sillas individuales en los parques sustituyendo a los bancos largos?¿Qué sentido tienen esos bancos para parque diseñados a buen seguro por uno de esos psicópatas que también diseñan aeropuertos y que tienen unos incomodísimos reposabrazos?¿Por qué sustituir los perfectamente funcionales bancos de parque? Muy sencillo. Intentad acostaros en uno de los antiguos e intentar hacerlo en uno de los modernos. Poneos ahora en la piel de un indigente.

La individualización y pseudoprivatización del espacio vía mobiliario urbano no es sino una forma pasivo agresiva de exclusión urbana. O más bien de re-exclusión, pues el problema básico no es que esta gente no pueda dormir en un banco sino el mero hecho de que tenga que hacerlo. Una forma de re-exclusión, todo sea dicho, más sutil que la de poner pinchos en los portales como parece que ahora hacen algunos sitios muy chupiguays de la siempre moderna y maravillosa Londres, o ese afán por convertir espacios abiertos en los sobacos de Espinete en plena pubertad que tienen algunas ciudades chinas, pero una forma de exclusión al fin y al cabo.

El modelo comunista dirigista chino o el liberal e individualista inglés, dos formas totalmente distintas de entender la inclusión (¿?).

Sin necesidad de ir a esos extremos de malnacidismo, es conceptualmente idéntico –aunque con una diferencia de grado- a no dejar que los pobres sin capacidad de organizarse jueguen al “balompédico deporte” en las porterías públicas o a obligar a las bicicletas se excluyan del espacio dedicado a otros vehículos depredando el espacio de los peatones. Es conceptualmente lo mismo que permitir a corredores de clase media-alta frustrados con sus vidas y necesitados de metas asequibles que den sentido a su existencia no se mezclen con esos abuelos que salen a hacer la ruta del colesterol, con esas familias que hacen picnic en el río por no poder o querer permitirse otra cosa, con gente que juega a algo parecido al fútbol usando como postes dos árboles torcidos o se hacer arrumacos revolcándose por el suelo mientras un perro olfatea los arbustos cercanos. 

Al fin y al cabo ¿qué problema hay en dedicar una franja de 5 kilómetros de espacio común en exclusiva a todo aquel que ahogue sus angustias vitales en sudor? Así pondremos a Valencia en el mapa, como con la carísima calle que uniría Nazaret al resto de la ciudad excepto cuando unos bólidos la atravesasen a 300km/h, aunque ahora no haga ni una cosa ni la otra. Lo importante es poner a tu ciudad en el mapa y, sobre todo, no mezclarte con gente más fea que tú.

1 comentario:

Orayo dijo...

Me ha gustado mucho la entrada. La primera noticia que tuve del circuito fue a través de este artículo de opinión: http://www.eldiario.es/cv/laciudadconstruida/Juntos-revueltos_6_264983516.html

salud


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