lunes, noviembre 18, 2013

Becariópolis

Bienvenidos a Becariópolis, donde lo que no se cobra en euros se cobra en narrativa, se coleccionan másters por placer y la mejor recompensa es darte a conocer.

Becariópolis, esa ciudad donde no hay inmigrantes sino expats buscando crear e innovar a cambio de un firme apretón de manos y una sonrisa como recompensa, donde se comparte piso únicamente para compartir experiencias y hacer fluir las ideas de manera transversal en una red multicultural y multilingüe donde nunca nadie limpia las duchas –no digamos los váteres, ese es trabajo de inmigrantes y no de expats-, compartir oficina no es signo de impotencia financiera sino coworking; una forma de crear entornos de intercambio interdisciplinar que amalgamen ideas imposibles y olores corporales otrora incompatibles.

Becariópolis, la urbe donde el traje brillante y cepillado; la corbata ceñida y la sonrisa muestradientes purgada de paluegos en la cámara del iPhone conviven en armonía con los macarrones de setenta céntimos el kilo y algo de queso rallado por encima porque la frugalidad forja el carácter. Donde el café ahogado en vasos de cartón se mantiene humeante durante horas gracias a la potente energía creadora y al intenso networking que ante él se despliega, donde los frapuccini nunca se templan gracias a la helada luz futurista de los LEDs integrados en manzanitas plateadas.

Becariópolis, la tierra de las oportunidades donde los despidos se compensan con becarios pero tú dalo todo en el tajo que a lo mejor luego te contratamos. La tierra del yo he tenido que currar mucho y muy duro para llegar aquí y para que te curtas es mejor no cobrar, que aquí no queremos obesos. La tierra del estraperlo de cartas de recomendación y de las dos referencias académicas y dos profesionales para practicar una felación bajo una mesa imitación caoba de Merkamueble. La tierra donde los becarios son ciudadanos y el falso autónomo es el rey.

Internhood, el bello barrio de luces fulgurantes donde uno puede ver mundo y adquirir experiencia de trabajo en entornos multiculturales mientras vive en algunas de las ciudades más caras del mundo pagando el alquiler de su zulo post-etarra con la misma exquisita narrativa sobre aculturación y derechos humanos en la que cobra, pagando las pizzas congeladas con el deseo de mejorar esta pequeña roca azul que compartimos mientras jugamos a los anuncios de Benetton. El barrio donde uno puede presentarse no sólo sin rubor sino con orgullo como presidente de una subcomisión de un órgano burocrático creado por sus cohorte de stagiaires que se encarga de gestionar el management interno de la gestión externa de la representación de sus pares a la hora de reservar bares para hacer fiestas los jueves o pedirle al ayuntamiento que cierre una plaza para poder jugar al botellón mientras se ajusta la corbata o la falda de tubo. Internhood, el barrio de la élite y para la élite donde el inglés internacional campa a sus anchas y un máster que no sea mínimo en LSE es mirado con tanto desdén como el mendigo que duerme en la misma plaza colocado de pegamento o, cuando puede, de LSD.

¡Ah, Becariópolis! Donde el futuro es brillante y hoy has conocido a un señor muy importante, donde tienes suerte de que de este año de los 1000 becarios de tu empresa 700 sean mujeres y puedas dormir abrazado a una que ha caído entre vómitos y convulsiones en la fiesta en el piso de tu colega porque no quieres que muera congelada. ¡Ah, Becariópolis! Donde aquellos con perspectivas de ser directivos de unas cosas o jefes de otras cosas se reúnen, donde los artistas con planes de cubrir con papel de aluminio y macarrones un edificio hacen las veces de diseñadores gráficos para perseguir sus sueños y donde todos trabajan por un futuro difuso con dinero prestado. ¡Ah, Becariópolis! Donde los mecenas vuelven en forma de ángeles, la igualdad de oportunidades es dogma, nada hay más importante que darse a conocer para triunfar y poder explicar en una frase en qué consiste tu trabajo es de albañiles alfabetos.


Bienvenidos a Becariópolis, donde todos somos los líderes del mañana, todos somos artistas e inventores revolucionarios y donde todos estamos por encima de la media.

Becariópolis es dogma de fe, Becariópolis es un retuit para darte a conocer.

Prohibido plagiar o hacer obras derivadas sin permiso. Prohibida su distribución comercial (¿realmente alguien podría sacar dinero de esto?) sin permiso.
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