viernes, febrero 18, 2011

#Lesvotaráquienquiera


Decíamos ayer que el empoderamiento de la comunidad gay del norte de Ratanakiri mediante la implementación de políticas con enfoques transversales de género era importante para nosotros como europeos y españoles, pero hoy no voy a escribir de eso a pesar de ser un tema de incandescente actualidad y trascendencia. Voy a hablar de algo mucho menos relevante –aunque también de vital importancia para la vida diaria de, entre otros, la comunidad inuit residente en Galicia: El movimiento #nolesvotes.

 TRUE STORY

Para quien no use Twitter, la almohadilla es para crear etiquetas, que allí se llaman hashtags, se pronuncia a gusto del lector y sirve para, al ser usada por mucha gente, salga la palabreja con gloria efímera como tema de actualidad y todo el mundo pueda ver las importantes reflexiones que cualquier individuo empoderado por las redes sociales pueda embutir en 140 caracteres. Por cierto, tengo Twitter. Allí abajo a la derecha pueden ver mis soflamas capaces de levantar las pasiones animales de las mis enfervorizadas masas de fologüers, que es lo que antes eran fans, que es lo que antes de ese antes eran seguidores, que es lo que antes de ese antes de ese antes eran acólitos. Así que tengo acólitos. Yo. Ya decía mi abuela que yo provocaría otra guerra civil. En fin, ¿por dónde iba? Ah, sí, lo de #nolesvotes.

Decía que #nolesvotes nace  fundamentalmente como reacción a la Ley Sinde, de la que no he leído el texto ni he sopesado opciones pero me parece mal así en general. Y lo digo en serio. MAL, SINDE, MAL. CACA. Pasa por aquí que te daré pam pam al culo y lo que surja. Guiño, coma, guiño. Y lo que surja.

Y lo que surja, mozalbete...

Pues algunos de los que también están empoderados del todo gracias a las redes sociales y al Internet con mayúsculas y no están de acuerdo con el Sindazo, han creado una página web y grupos ciudadanos, soviets locales de pensamiento o algo así. En resumen, el movimiento le dice a uno que “vote a quien sea, pero que no sean ni PSOE ni PP ni CIU”. Es decir, ¡Vota Democracia Nacional! ¡Vota por Quimby!

VOTA POR QUIMBY

Por algún extraño motivo, supongo que el que lleva a Jordi González a buscar el prestigio que nunca tendrá, algunos de sus más vehementes predicadores dicen ahora que esto no va sólo de la Ley Sinde, que eso es totalmente secundario, y que quien eso arguye, quien tal cosa balbucea, no es sino un ruin mentiroso, un arrastrado siervo de la desidia y la ponzoña moral que nos infectan. Bueno, eso no, pero usan frases manidas. Yo sólo digo que, si de verdad va de otra cosa, por favor que me lo digan, porque si es por meter la mano en el cajón o similares la lista deberían ampliarla un poco. Digo.

Dejando a un lado la Marea Magenta y Enriquedánsica de financiación moral que hay detrás, que me parece muy respetable, querría entrar un poco en el fondo de la cuestión. Con la unidad de todos los demócratas y la condena unánime de la violencia que nunca han existido en este bloj, puedo preguntar de manera retórica y pregunto: ¿ES QUE SOMOS TONTOS O QUÉ? ¿Qué tendrá que ver la Ley Sinde, la política del Ministerio de Defensa, los implantes de pelo de Bono, el ridículo notable de Rajoy con las preguntas pactadas o la todopoderosa papada de Leire Patín con unas elecciones municipales? ¿Afecta todo eso a cómo mi ayuntamiento va a interactuar conmigo directa o indirectamente? no ¿Afecta a mi relación con mi gobierno autonómico? Tampoco.

¿Afecta a mi relación con él? Espero que tampoco

A mi me da igual que mi alcalde sea un gorila de 180 kg que se masturba viendo 2guys1horse y piense que la Ley Sinde será buena porque resucitará a Rasputín. No me afecta. En absoluto. Nada. Cero. No me importaría lo más mínimo que pensase y defendiese que España tiene que invadir Madeira. No es competente y por tanto no afectará su labor como de Jefe de la Aldea. Un alcalde, al margen de la opinable política de festejos y de participación ciudadana, debería objetivamente: Saber gestionar, tener una política urbanística seria, coherente y responsable; ser inmune a corruptelas y prebendas varias, tener una política de infraestructuras basada en análisis de coste y beneficio social claros, concisos, bien estructurados y accesibles por cualquier residente; hacer transparente el consistorio haciendo públicas todas y cada una de las decisiones y motivos de las mismas, sobre todo las de contratación y concesiones; debería tener políticas de seguridad ciudadana lo menos intrusivas posible y tener al menos nociones de responsabilidad fiscal e impositiva. Nada de eso tiene nada que ver con la política nacional, excepto quizás su relación con los cuerpos de policía no dependientes de su administración. Es manifiestamente irrelevante su opinión sobre temas de política nacional.

El nivel autonómico quizás sea más susceptible a la intromisión de la Alcantarilla de San Jerónimo, pero repito: no son estos los que en estas elecciones se elegirán. En general, independientemente de la autonomía, las competencias autonómicas son las que se listan en el art 148 de la constitución y alguno más que no salga en el 149, siendo las más importantes: Sanidad, educación (universidades y en niveles inferiores la gestión y una parte pequeña del desarrollo curricular), legislación sobre ordenación del territorio y urbanismo (generalmente ejecutada por los ayuntamientos), ejecución de las políticas sociales, infraestructuras de carácter interno y parte de la política industrial (ahí es donde suelen colar las teles autonómicas, las torpes regulaciones de las cooperativas, determinada normativa de seguridad industrial, una parte de la política de I+D etc.) En País Vasco y Navarra habría que añadir competencias casi absolutas en términos de política impositiva, que dependen del gobierno foral o de cada diputación provincial en el caso vasco que actúan en un régimen fiscal casi confederal con el estado español. De esto quizás me atreva a hablar otro día. Todo esto es reminiscencia, creo recordar, del postcarlismo, y se mantuvo durante la dictadura de Franco y hasta hoy.
Aparte de gestionar correctamente las competencias ya mencionadas y de no liarse a legislar como posesos, lo que siempre es y debería ser exigible a los políticos autonómicos independientemente de la ideología sería el ser honrados. La corrupción es una lacra que coarta el crecimiento económico, crea despilfarro público e impide el ascenso social a las personas realmente dotadas, destrozando cualquier incentivo a la excelencia. Los personajes corruptos deberían ser apartados para siempre de la humanidad bajo pena de destierro al estómago de un sarlacc donde sufrirán una digestión de más de mil años.

De nuevo, ni rastro de códigos penales, derechos de copia o invasiones del Perejil...

Aunque sí de un manatí en el cuello de la Pajín

El intento de convertir todo tipo de elecciones (locales, autonómicas y europeas) en reválidas de la política nacional es un insulto hacia todo aquel que se precie de ser ciudadano, persona y ser pensante. Me da igual que el insulto venga de políticos de medio pelo o del Twitter, que al parecer ahora te hace las revoluciones desde el sofá de tu casa.

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