viernes, mayo 25, 2007

Si no votas a Vegeta, Nappalm mata a Krilin

Elvis vive


En breve todos tendremos unas maravillosas erecciones encima. Posiblemente con una de las más impecables organizaciones en la comunidad valenciana (al menos eso espero, viendo como le está costando la salud a alguno de los maestros de ceremonias).

No se por qué, pero realmente en estas, las primeras elecciones en las que puedo votar me siento doblemente griego: Todos los candidatos me parecen de la más pura tradición sofista y todos quieren darme por el culo. En algunos casos incluso diría que de forma literal.

El problema es que realmente ya nadie se preocupa de siquiera tratar de ocultar, aunque sea levemente que lo único que quieren es el poder. Tener el control de las obras públicas, la capacidad recalificadora te terrenos, la posibilidad de mangonear a diestra y siniestra, manejar las televisiones autonómicas y estar decir que tienen la mejor sanidad.

A decir verdad no sigo mucho la política local de otras regiones, aunque no creo que difiera mucho de la valenciana, y hubo una frase del paleto de Joan Imbècil Pla que sintetizó con asombrosa claridad la hondura de las convicciones e ideologías entre la clase política de las listas principales:
Que nadie se preocupe, si ganamos todo seguirá como hasta ahora”.



We are the Clone Clowns

Perfecto. ¿Entonces qué diferencia hay entre tú y el otro? ¿Te tengo que votar por que seamos de la misma comarca (curioso que Carmen Alborch y la número 10 de las listas del PSOE también lo sean… Albaida está de moda)?

Pero volviendo al tema griego: los sofistas eran expertos en el arte del engaño, capaces de desviar la atención de los problemas reales de los atenienses que, a pesar de no tener una verdadera democracia como tal tenían un germen, si bien nosotros no tenemos sofistas sino algo más refinado. Refinado como el gasógeno. Una mezcla de aquellos oradores de palabras vacuas, trileros de fiesta de pueblo y croupieres de casino indio. De la chistera sacan a relucir guerras fraticidas para justificar votos, de la chistera sacan ayudas surrealistas y de difícil reparto de 100 euros por estudiante para transporte, esconden bajo la nuez pelotitas como un 12% de déficit público sin contar las deudas de CACSA (ciudad de las artes y las ciencias SA, cifrada en miles de millones de euros) o RTVV (600M€ según Las Provincias hace aproximadamente 1 año), esconden debajo de la nuez pelotitas como tener a un alcalde conocido como Luis XVI (%), y no por ser el decimosexto Luis en la alcaldía. Sofistas todos ellos de grandilocuentes discursos (aunque pésimos muchos de ellos en cuanto a oratoria y carisma se refiere), con programas electorales de 260 folios para que entre la sobreinformación nadie se encuentre informado, con un único objetivo (no todos): Poder, y por extensión el dinero, los aduladores y pelotas y la oportunidad de vanagloriarse por haber conseguido una pequeña parcela de poder represor en algunos casos, ladrón en, diminuta a nivel global, inexistente a nivel temporal siquiera para la historia de este país, no digamos ya de la humanidad. Pero ellos así piensan pasar a la posteridad, como unos ladronzuelos más que no hicieron nada más que lo que se esperaba de ellos: Nada.

Y no es una generalización, simplemente los que quieren hacerlo bien (que supongo y espero que alguien habrá) no tienen intención de pasar a la posteridad y suelen huir de aduladores.

Y a pesar de todo creo que es necesario ir a votar. A cualquier partido convencional, a una campaña publicitaria muy bien montada o a partidos como el del karma democrático, el votante cabreado o el partido de afiladores de tuercas lisas o directamente votar en blanco (asociables, a mi entender. a los descontentos con las opciones existentes). La democracia representativa, a pesar de dejar poco margen de maniobra durante el periodo ordinario a los ciudadanos da gran poder de decisión, como diría Jefferson, para elegir a quien nos oprima durante cuatro años.

Creo que tenemos suerte de poder elegir a nuestros propios submongólicos gobernantes, porque también creo que todos tenemos a los gobernantes que nos merecemos, ya que como comunidad de cohabitantes, como ciudadanos, reflejamos nuestra mezquindad, ruindad, esperanzas o descontento en nuestras elecciones. Y digo mezquindad y ruindad porque, realmente… ¿alguien que no sea un tarado puede sentirse igualado o superado en algún aspecto positivo por algún candidato? Yo solo conozco dos:

Uno al que, tras ser alcalde dos legislaturas no ponen en las listas del partido por no haber dejado mangonear a sus acólitos.

Y otro que al final de su segunda presidencia aseguró correr a 500km/h. Insuperable oiga.


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