domingo, marzo 04, 2007

En nombre de la fiesta y de Dios santísimo.

Aviso

Así quedó el primer y último lector de este postio.


De paranoias megalómanas de colectivos airados, amargados, retozantes en su propio resentimiento, considerantes de lo ignominioso que no sea todo lo que pase por el filtro de su buen hacer, hay muchos ejemplos: que van desde tarados que consideran discriminatorios los pronombres personales de algunos idiomas hasta las propias religiones mayoritarias, minoritarias, intermedias y las que se asientan en puestos ambulantes de churros.

Tenemos ejemplos de colectivos de amargados gritones que han conseguido que organizaciones otrora serias y más o menos respetables adquieran una pátina de cretinismo, ignorancia, estupidez, pardiez etc. al intentar retirar campañas publicitarias que solo atentan contra la estética. (Denke Dixit (1)-). Supongo que no solo es por influencia de estas insidiosas organizaciones ruidosas y paranoicas, de las que copiar las formas parece que otorgue un mayor grado de indignación, sino porque esta y otras ONG acaban queriendo imponer su visión de mundo, y al menos por mi parte, por ahí no paso oiga.

No contentos con ello, a veces consiguen que los gobiernos y órganos legislativos aprueben delitos de opinión, que parecían cosa del pasado o de países como Alemania, donde reírte de alguien por tener una nariz grande puede llevarte a la cárcel si este es judío. Ahora aquí también lo es perpetrar cartas de pésimo estilo. (Art. 578 C. Penal)

Ahora, no contentos con meterse en la vida de los demás, con filtrar, juzgar y condenar lo que uno puede o no puede ver, lo que se puede o no poner en una vaya publicitaria, lo que puede o no uno cagar y, en pocas palabras, de considerar a todo el mundo menor de edad y conseguir unas masas de adocenados y temerosos de sus gritos que les permiten meterse hasta en su intimidad, se ha llegado a el extremo de meterse con lo único que ha triunfado de la sociedad occidental, que no son ni la democracia ni los helados de horchata de Avidesa, sino el respeto por la propiedad privada.

Está claro que la propiedad privada se ha de supeditar al bien común (entendiendo como bien común aquello que beneficie por entero a una sociedad pero que se vea entorpecido por ese derecho real en concreto), y que no debe alterar el orden público. Totalmente de acuerdo. Claro, el tema es convencer a todo el mundo de que poner unas putas lucecitas de árbol de navidad prostibulario en una fachada privada (2)(3)(4) y en mal estado para que un grupo de gente (numeroso, festivo y folklórico, si, y ruidoso, maleducado, irrespetuoso, facineroso, egocéntrico, chovinista, abusivo y ruidoso también) pueda presumir de ello forma parte del interés general y del “espíritu de la fiesta”.

Me gusta esa fiesta. La próxima vez meteré una apisonadora en casa de alguien en nombre de la fiesta, ya que forma parte del espíritu, porque al parecer el espíritu no es vestirse de princesa Leia Organa y llorar dejando flores a una virgen de madera para después robarlas a la noche siguiente (mis ojos lo ven todos los años), ni tampoco es parte del espíritu plantar bichos de cartón piedra (ya no escatológicos, pero si políticos) en mitad de las calles, cerrando una ciudad al tráfico por una semana entera para después quemarlos mientras lloras vestida de princesa Leia o de Palestino con pañuelo de cuadros y babero negro. Ni tan siquiera es ponerse ciego en la carpa de tu hermandad sectaria mientras lloras vestida de princesa Leia o de palestino con pañuelo de cuadros y babero negro por el humo de los petardos que tiran tus congéneres. No. Ahora resulta que el espíritu de la fiesta es pasarte por el forro la ley de propiedad vertical y las más mínimas medidas de seguridad y plantar, aún con la resistencia de la comunidad de vecinos (que es la que tiene derechos de propiedad y decisión sobre la fachada) luces en un frontal en estado deplorable, con un andamio que no cumple los requisitos de seguridad, y después ponerles la cabeza a los vecinos en una piedra de pedernal y aporrearla con las ruedas de un Monster Truck.
Ahora resulta que el espíritu de esta fiesta es no dejar que entren la maquinaria pesada a una obra en cuanto empiecen los festejos porque se va a colocar un tablao de madera delante de la entrada, y por si no tuviese credibilidad mandar a 3 (tres) agentes de la policía local a advertir a los obreros. Ni la sacrosanta construcción, magdalena y croissant de nuestra economía se libra de imbuirse del espíritu de la fiesta.

Como vicepresidente de la Asociación de Escanciadores de Sidra Zurdos y Enojados me opongo a esto y a todo por no habérseme ocurrido antes a mi.

Pero que sabré yo, no soy fallero; no existo.
Eso si, al parecer los falleros mean menos que los cristianos. El espíritu de la fiesta y su caracter excepcional deben otorgar vejigas de doble capacidad.


Prohibido plagiar o hacer obras derivadas sin permiso. Prohibida su distribución comercial (¿realmente alguien podría sacar dinero de esto?) sin permiso.
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