miércoles, diciembre 26, 2007

la dictadura de la felicidad

Desde que tengo uso de razón, lo único que me han vendido por la televisión son remedios, ungüentos, pócimas y productos absurdos para ser feliz. Desde la prensa leía felicidad. Desde la radio cantaban felicidad. Normalmente me hacían tener miedo a no ser feliz, usando como medio para llegar a la felicidad el consumismo o el apoyo a determinadas ideologías carentes de ningún trasfondo real y, por lo general, ninguna coherencia como conjunto dogmático, deítico, político o sifilítico. Las menos de las veces, intentaban hacerme buscar la felicidad por medio de rectitud físico-psíquica, la templanza del espíritu, la fuerza de la moral fundamentada en sistemas éticos nuevos o antiguos…

Y creo que no soy el único. Si no compras la pasta de dientes X, se te caerán los dientes y la gente del sexo opuesto se reirá de ti, y no serás feliz. Si no contratas el plan de ahorro “conpocapastalaluna” jamás serás más que un miserable indigente físico y moral, que no tendrá ese cochazo de la marca más cara y molona que hará que el resto de primates que te rodeen deseen tu muerte y te vituperen a tus espaldas con expresiones realmente envidiosas. Si no comes 17 piezas de fruta al día, duermes 19 horas, haces 3 siestas, desayunas 4 veces, tomas las calorías diarias que te calcularon con un carísimo análisis biométrico, ejercitas el cuerpo 8 horas al día y otras tantas el espíritu, morirás pronto, y ya se sabe que la gente longeva es más feliz…

¿Pero nadie ha pensado que tiene el derecho a no ser feliz?



La Res Publique n'est pas en guerre avec Burundi


Y no digo ser feliz siendo un amargado, sino a no ser feliz porque a uno no le sale de los genitales correspondientes o de la ausencia de los mismos en los más extraños casos.

¿Por qué tengo que mostrarle una afable sonrisa -signo confuso en las culturas de homo sapiens <> atribuible generalmente a sensaciones de agrado y felicidad- a periquillo el de los palotes, al dependiente de Mercadona o a cualquier familiar o amigo? Él supongo que corresponderá al mismo con otra mueca forzada, que a buen seguro será totalmente falsa. ¿Por qué fingir toda esa estupidez si en realidad nos hace sentirnos misérrimos?

En estas épocas de depauperación de los sentimientos individuales, al ser escondidos en una incontenible oleada de buenrollismo estúpido, bienpensante, políticamente correcto, moralista y gilipollas, de enaltecimiento de la masa o nación o como se quiera llamar a ese ente supraindividual, más allá de la suma de individuos, no abarcable por el término colectivo, es cuando más hay que reclamar el derecho a no ser feliz. Al menos si uno no quiere. Porque, seamos sinceros… ¿La gente es feliz porque unos altavoces salgan del suelo, de los árboles iluminados, de los centros comerciales o de las iglesias, de las televisiones; radios y pantallas de ordenador, y les digan que lo sean?

¿Por qué si la suma de individuos no es feliz, el colectivo ha de fingir serlo, y el individuo por tanto ha de fingirlo también para no verse rechazado?

Si todos reconociésemos claramente nuestro estado anímico y vital sin rubor, no habría problemas de rechazo.

Aunque puede que si que los hubiese por el incremento de suicidios y asesinatos.

Y sin más, nada de Feliz Navidad.

Una buenas navidades o/y buenas fiestas para todos.

Y que las pase cada uno como buenamente quiera: Feliz, amargado, contento, triste o enfarlopado, solo o acompañado.


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