domingo, junio 08, 2014

La calle es mía, o tuya, o suya, pero no nuestra.

Un fantasma recorre occidente, un fantasma de sudor y fatiga, un fantasma corredor. El running (léase ráninj, una evolución violenta y proselitista de la actividad antaño conocida con salir a correr, a la cual está desplazando de su nicho ecológico) es la actividad mediante la cual se canaliza la angustia vital que provoca la precariedad, el no tener control sobre la propia vida o la frustración laboral a través de la consecución de metas inmediatas y medibles en lo deportivo. Tras la misma, se debe informar a cuantas personas sea posible de la proeza y tratar de convencerlas para que sigan nuestros pasos. Todo esto lo explica mucho mejor que yo Sara.

Este fantasma ha llegado, como era de esperar, a la capital española de la vigorexia: Valencia. La infección de ráninj, aunque a veces ligeramente molesta, no es más peligrosa para el huésped que los millones de E. Coli que tenemos viviendo en el intestino. El problema es que Valencia estaba ya infectada por una patología amebiana conocida como La. Ciudadelalgo; y como sucede a veces cuando ambas se juntan, el mecanismo de defensa que ha creado la a priori gratuíta (al menos en los estadios aficionados de la patología, luego ya llegan las mallas y las Mizuno Wave Prophecy 3 a cien pavos el par para evitar la pronación) E. Ráninj ha sido convertirse en un parásito de la infección amebiana ya existente y en una amenaza para su huésped gracias a ese proyecto de alargada colonia bacteriana conocida como La Ciudad del Ráninj.


¿Qué tiene la Ciudad del Ráninj que los vuelve loquitos? Al fin y al cabo, estamos hablando de una obra que una entidad privada le regala a la ciudad y que sólo convertiría un espacio público y de todos de uso completamente libre en un procomún totalmente especializado.

Este caso de privatización o semiprivatización de un espacio público a cambio de algún tipo de mejora por desgracia no es nuevo, menos aún en Valencia. Si bien la privatización no tiene por qué ser explícita (como lo es en el caso del Umbracle, donde parte del jardín está totalmente cedido a una discoteca para que hagan sus fiestas pijas) sí que suele ir acompañada de una exclusión del espacio del lumpen, como diría un conocido político. Se crean mejores procomunes a cambio de excluir de su uso a quienes no tienen capacidad organizativa, legal, física etc. Para usar estas nuevas instalaciones.

Sin salir de Valencia, un ejemplo muy claro y paradigmático de esto son las reformas que se hicieron en los campos de fútbol que hay frente a las torres de Serranos. Estos campos de fútbol de tierra acogían tanto los campeonatos reglados (la liga de fútbol infantil, ligas amateur, ese campeonato paralelo en el que la mayoría de equipos estaban formados por inmigrantes sudamericanos con camisetas del Banco Pichincha…) como pachangas de colegas o campeonatos informales organizados en su mayoría por inmigrantes, además de ser usados los fines de semana como lugares de picnic y barbacoa por, de nuevo, inmigrantes ecuatorianos y colombianos acompañados por algunos aborígenes valencianos. Por motivos que a buen seguro nada tenían que ver (JAJAJAJAJAJAJ AJAJAJAJAJAAJAJAJAJ AJAJAJAJAAJAJAJAJAJJAJAJ AJAJAJAJA JAJ JAJAJAJAJAJA JAJAAJAJAJAJAJ AJAJAJAJAJAJAJA AJAJAJAJA JAAJAJAJAJ AJJAJJAA) y aprovechando entre otras cosas ese dinero mágico que vino del Plan E, los campos de fútbol de tierra fueron cubiertos de césped artificial, se instaló un mejor sistema de riego, se hicieron mejores vestuarios para los equipos que allí jugaban y, para evitar el deterioro se vallaron. Ahora, para jugar ahí, si el tiempo lo permite, hay que disponer del permiso de la autoridad, cosa que antes era del todo impertinente. Creo que no hace falta decir a qué grupo de los antes mentados excluye esta mejora de las instalaciones “comunes”.

La valla de "antes" fue cuando se empezó a cerrar para las obras, no eran un elemento permanente.

Este intento de ordenación y “guapización” de los espacios comunes siempre acaba cebándose con los mismos, que son los que “afean” las ciudades. El Barcelona posa't guapa no fue sino una expulsión de mendigos de mayor duración que la expulsión de los vagabundos que vivían debajo de los puentes cuando el Papa católico visitó Valencia. Muchos de los cambios de mobiliario urbano de los últimos años van en la misma dirección. ¿Qué utilidad tienen esas sillas individuales en los parques sustituyendo a los bancos largos?¿Qué sentido tienen esos bancos para parque diseñados a buen seguro por uno de esos psicópatas que también diseñan aeropuertos y que tienen unos incomodísimos reposabrazos?¿Por qué sustituir los perfectamente funcionales bancos de parque? Muy sencillo. Intentad acostaros en uno de los antiguos e intentar hacerlo en uno de los modernos. Poneos ahora en la piel de un indigente.

La individualización y pseudoprivatización del espacio vía mobiliario urbano no es sino una forma pasivo agresiva de exclusión urbana. O más bien de re-exclusión, pues el problema básico no es que esta gente no pueda dormir en un banco sino el mero hecho de que tenga que hacerlo. Una forma de re-exclusión, todo sea dicho, más sutil que la de poner pinchos en los portales como parece que ahora hacen algunos sitios muy chupiguays de la siempre moderna y maravillosa Londres, o ese afán por convertir espacios abiertos en los sobacos de Espinete en plena pubertad que tienen algunas ciudades chinas, pero una forma de exclusión al fin y al cabo.

El modelo comunista dirigista chino o el liberal e individualista inglés, dos formas totalmente distintas de entender la inclusión (¿?).

Sin necesidad de ir a esos extremos de malnacidismo, es conceptualmente idéntico –aunque con una diferencia de grado- a no dejar que los pobres sin capacidad de organizarse jueguen al “balompédico deporte” en las porterías públicas o a obligar a las bicicletas se excluyan del espacio dedicado a otros vehículos depredando el espacio de los peatones. Es conceptualmente lo mismo que permitir a corredores de clase media-alta frustrados con sus vidas y necesitados de metas asequibles que den sentido a su existencia no se mezclen con esos abuelos que salen a hacer la ruta del colesterol, con esas familias que hacen picnic en el río por no poder o querer permitirse otra cosa, con gente que juega a algo parecido al fútbol usando como postes dos árboles torcidos o se hacer arrumacos revolcándose por el suelo mientras un perro olfatea los arbustos cercanos. 

Al fin y al cabo ¿qué problema hay en dedicar una franja de 5 kilómetros de espacio común en exclusiva a todo aquel que ahogue sus angustias vitales en sudor? Así pondremos a Valencia en el mapa, como con la carísima calle que uniría Nazaret al resto de la ciudad excepto cuando unos bólidos la atravesasen a 300km/h, aunque ahora no haga ni una cosa ni la otra. Lo importante es poner a tu ciudad en el mapa y, sobre todo, no mezclarte con gente más fea que tú.

lunes, marzo 24, 2014

El señor ha muerto ¡Viva el señor!

Por si algún sordociego ha estado viviendo en Marte durante la última semana, ha muerto alguien. Desde este blog tan amante de la actualidad, hemos (¿?) decidido dedicar un pequeño espacio de reflexión a la figura de alguien. Hemos (¿?) tirado un dado de varios cientos de miles de caras con los nombres de todas las personas que han muerto desde Bangladesh a Mali y nos ha salido un tal Adolfo Suárez. Así pues, aquí nuestro epitafio. Como no conocemos (¿?, de dónde salen estos plurales) lo suficiente ni podemos añadir nada novedoso a cuanto ya se ha dicho, que en todos los mediosha sido mesurado y cabal, hemos (¿? ¿Otra vez?) concluido que nada mejor que ilustrar aquello que sobre él se ha escrito estos días. Estamos en la era de las imágenes, al fin y al cabo.

¿Por qué lo dicho estos días? Porque la Historia, así con mayúsculas, es una ciencia acumulativa. Va añadiendo más y más información a su corpus para mejorar la comprensión de los fenómenos del pasado. Por tanto, se podría considerar que la mejor imagen de la figura de este hombre sería la que se pueda hacer hoy con toda la información disponible, que por suerte será peor que la que podremos hacer mañana. Así pues, comencemos.

Suárez era un señor porque nació con pilila y murió con ella puesta, o al menos no hay información al respecto que lo desmienta. Por desgracia no hay en Gúguel documentos gráficos que lo prueben.

Adolfo Suárez fue, según coinciden casi todas las fuentes, el primer presidente democráticamente elegido de España. Nació en Cataluña el 13 de noviembre de 1819 con el nombre de Estanislao Figueras i Moragas. He aquí un retrato de juventud.


113 años más tarde, el 25 de septiembre, cambió su nombre por el de Adolfo Suárez, nombre por el que fue conocido hasta su muerte.

Ha sido una figura de relevancia intercontinental, al nivel de Abraham Lincoln o del mismísmo Gran Khan, que merece menos tener un aeropuerto con su nombre que Adolfo Suárez. De hecho, uno de los grandes intelectuales de nuestro tiempo, Carlos Carnicero, digo, Carlos Monedero, ha hecho un muy documentadísimo artículo donde lo señala como figura clave en el invento del motor de combustión e, igualmente documentado, demuestra que fue ministro con Franco. De su toma de posesión como ministro de Francisco Franco Bahamonde hemos encontrado el siguiente documento gráfico.


Escalofriante, como diría Íker Jiménez. 
Eso sí, Adolfo Suárez fue a la vez el muy mejor amigo de Campechano I, lo cual acredita a cualquiera como ser digno de aplauso.






Por eso mismo fue borboneado sin piedad, pues esa es la forma en la que los borbones muestran afecto. De hecho, se dice que el hermano de Juan Carlos de Borbón y Parma tenía un gran parecido físico con Suárez, y por eso el rey de España le descerrajó con total accidentalidad unos tiritos, confundiéndolos sin duda con los otros tiros que tanto disfrutan los que a la postre serían sus yernos. Ya se sabe que los reyes no están  acostumbrados a agasajar sino a ser agasajados. Las malas lenguas dicen que en realidad a quien quería matar era al legítimo heredero del trono intergaláctico Sixto Enrique de Borbón, cosa que desmentimos desde aquí. De hecho, demostramos nuestro aprecio por tan noble figura incluyendo una fotografía suya de archivo.



A tanto llegaba el amor de Campechano Primero por Adolfo (permítanme que lo llame Adolfo, que yo también lo conocí como demostraré más adelante) que hemos (¿?) encontrado una foto de archivo de uno de los tan sufridos y patrióticos safaris del Borbón en la que vemos que ni de vacaciones podía dejar de tener coloridos pensamientos para con él.

Con erótico resultado.

Dicen varias fuentes historiográficas que este “régimen constitucional”, esta “partitocracia” que instauró Adolfo ha llevado a vender España a los comunistas y separatistas. En el caso de los comunistas era evidente, como demuestra esta imagen en la que Adolfo Suárez cambió Cuba por mil pesetas de DYC a un tal Fidel Castro.


En cuanto a los malvados nacionalismos periféricos, famosa es la campaña que orquestó Suárez y que posteriormente dejó utilizar a los musulterroristas separatistas de CiU:


De todas formas, si algo queda claro es que Artur Mas, perdón, Adolfo Suárez se sacrificó por nosotros y murió por nuestros pecados:


Donde también hay consenso y coinciden todas las fuentes es en que Adolfo fue el creador del meme más exitoso jamás creado. Vean sino esta instantánea del momento en el que Suárez descubrió el talento innato de Doge.


Me dejo en el tintero (¿?) muchas cosas, como cuando Suárez inventó la famosa Paella con gambas, pollo y guisantes en Madrid, que luego se apropiaron los malvados valencianos. Como despedida, un selfie donde se ve el amor mutuo que nos profesábamos. Un abrazo al cielo, tronco.

jueves, enero 16, 2014

El primero que se enfade, pierde


Los estados democráticos modernos nacen para reducir la violencia intragrupo. Tienen tribunales y juzgados para mediar en los conflictos entre particulares, empresas y entre estos y el Estado además de mecanismos formales o informales para resolver disputas entre etnias, religiones, etc. Cada X tiempo se invita a los ciudadanos a delegar sus decisiones y aspiraciones sobre el lugar en que viven en unos representantes que luego hacen lo que les sale del nabo deciden con base en las preferencias de sus votantes sobre cuestiones organizativas y sociales a nivel nacional, regional o local. No es un sistema perfecto, pero ha demostrado no ser peor que las alternativas que ha habido hasta el momento, al menos en lo que a evitar que nos matemos por cuestiones de lindes se refiere. Además, para garantizar que todo esto no se va de madre, el estado se arroga los ciudadanos delegan en el estado el monopolio de la violencia. Nos comprometemos a no resolver, por ejemplo, la preferencia en un cruce, a golpe de machete sino con normas socialmente aceptadas, semáforos o en última instancia la mediación de la autoridad del estado o sus agentes. Grosso modo ese es el famoso contrato social que a todos los ciudadanos de países libres nos han hecho firmar, aunque yo no recuerde haberlo hecho.

Resolución de conflictos comerciales en un sistema republicano


Además, a todos nos han enseñado en el colegio, en la tele, en los dibujos animados y demás lo socialmente útil y moralmente superior que es la no violencia. Idolatramos a gente como Gandhi, Martin Luther King Jr., Nelson Mandela o iconos religiosos como Jesucristo o Siddharta Gautama. Dejando de lado cómo acabo la mitad de esta lista (Gandhi, Martin Luther King y muchos otros defensores de la no violencia como Malcolm X no murieron de viejos precisamente) se los pone como ejemplos de cómo lograr cosas sin recurrir a la violencia y logrando soluciones dialogadas y pacíficas, además de moralmente superiores, haciendo a los demás ver su error y persuadiéndolos. Y sinceramente, todo eso suena muy bonito, como bonito sería volar en nuestro pegaso con cuerno de queratina (o unicornio alado) hacia el arcoíris y más allá, pero como norma general me parece una chorrada del tamaño de Júpiter. Me explico.

No voy a entrar en los iconos religiosos antes mencionados que, de ser cierto lo que cuentan sus respectivas biografías autorizadas, lograron más bien poco o ningún cambio terrenal en sus respectivas épocas, y sólo lograron ser relevantes en términos históricos tras ser reinterpretados y adaptados a conveniencia del poder que las adoptó. Nótese que la religión que más rápido se ha expandido de toda la historia, y que en vida de su fundador provocó cambios sociales y organizativos, no tiene a su fundador en la lista de personas virtuosamente pacíficas. Más bien expandió su religión a golpe de alfanje y fuego.

La resolución de conflictos dentro de un colectivo es relativamente distinta de la resolución de conflictos entre grupos. Entre grupos distintos (estados, tribus, grupos de gorilas, ultras de equipos de fútbol…) se dan dos casos: competición por recursos escasos o menguantes per capita, en la cual la guerra suele ser la estrategia óptima o competición por recursos crecientes, en la cual la estrategia óptima es la paz y la negociación. El primer caso podría ejemplificarse con dos familias compartiendo un valle. Ambas familias se lían a tener hijos y en un año de sequía se encuentran con un déficit de comida o, en montorés, con hijos y sobrinos por encima de sus posibilidades. La estrategia óptima y que sigue casi cualquier animal mínimamente social y territorial es quitarle el bancal al vecino para alimentar a tu grupo. Y si se puede saquear su granero, pues tampoco pasa nada. Eso viene a ser la historia de la humanidad hasta la revolución industrial, más o menos. El segundo caso vendría a ser el mundo desde hace unos 30-40 años, en el que quitando de las aventuras de la invicta US ARMY (¿?), los conflictos entre estados se pueden contar con los dedos de las manos (Balcanes, Etiopía, Osetia, Malvinas, los conflictos postcoloniales de Indochina y poco más) Este no es un buen marco para analizar un conflicto social porque si haces una sentada delante de un tanque enemigo te chafa, has perdido y punto. All your base are belong to us. Game over.

La mejor arma contra las divisiones acorazadas son los aplausos silenciosos.



Cualquier movimiento social que pretenda cambiar el statu quo, además de un objetivo claro, definido y compartido por el mayor número posible de personas de su comunidad (independencia de la India, independencia de Irlanda, los derechos civiles y fin de la segregación en USA, la descolonización y democratización de Hawaii, tener calefacción en las aulas, deponer a un gobernante, parar la construcción de un bulevar al que nadie ve utilidad real, etc.), lo cual excluye de manera fulminante al movimiento hippie, mayo del 68, el 15M-Occupy, yo soy 132 y demás, debe tener necesariamente algo con lo que negociar. Llámese negociar con el gobierno, presionar a los legisladores o directamente ser califa en lugar del califa (la revolución islámica de Irán, por ejemplo), pero ha de tener algo que ofrecer a cambio de sus propuestas.

Pensemos que un gobierno, sea o no representativo, es un agregado de intereses varios, sean estos militares, empresariales, de partido, de las élites definidas como se quiera o de una mayoría o minoría demográfica (blancos en Estados Unidos y Sudáfrica respectivamente, por ejemplo). Ese gobierno tendrá, por tanto, sus propios intereses sociales, personales y económicos que generalmente estarán mejor preservados –o eso piensan ellos- en tanto en cuanto se mantenga el statu quo. Asumiendo que nadie es tan imbécil de hacerse daño a sí mismo y a los suyos o de cargarse todo su estilo de vida y cambiarlo por uno peor porque se lo pidan con un megáfono en una asamblea, si se quiere negociar hay que poner algo con suficiente peso para mover todo ese conglomerado de intereses e inercias. El principio básico de toda negociación es que dos no negocian si uno no quiere o no tiene nada que ofrecer. Ese algo puede ser desde más ganancias futuras para una parte de los gobernantes –ver empresarios deseosos de entrar en la Unión Europea durante la transición española para ganar nuevos mercados-, a evitar acabar colgado, quemado y linchado en la plaza pública si el actual gobierno no sale por patas del país inmediatamente (ver Shah de Persia, Nicola Ceaucescu, Gadafi et al), pasando por acabar huelgas, desactivar protestas y cualquier otra actividad lesiva para la coalición gobernante. En economistaní sería dejar bien clara la matriz de pagos a un dirigente en función de sus acciones futuras. Si no aceptas lo que te pedimos, te cae un menos infinito de pérdidas. Si aceptas, a lo mejor te sale algo mejor. Para poder llegar a alguna parte, la amenaza de daño ha de ser superior a lo que vaya a perder la coalición gobernante si acepta las condiciones propuestas. Claro que los gobernantes también juegan a eso amenazando o dejando sueltos a sus violentos profesionales con placa y pistola o, en última instancia, el kraken los tanques.

Y así, volvemos a la no-violencia como arma. La no violencia es la zanahoria de la negociación. Gandhi y compañía ofrecían una alternativa a grupos terroristas y al Ejército Nacional Indio que en la práctica resultaban imposibles de combatir por parte del maltrecho ejército colonial británico y de sostener por parte de las finanzas post II Guerra Mundial. Cuando intentó usar la no violencia sin la amenaza de la misma (contra la separación de Pakistán e India) ya no le fue tan bien ni convenciendo ni logrando nada. Durante los años 60 en Estados Unidos hubo disputas raciales violentas de manera más o menos constante, además de muchas huelgas en industrias con mano de obra negra –en Hawaii asiática durante el movimiento democrático entre los años 40 y 60- que causaban daño económico a las clases acomodadas blancas. Entre los disturbios, los daños económicos y el miedo de la población blanca hacia los negros (miedo que persiste en la cultura pop gringa, con referencias constantes a cambiarse de acera si te cruzas con un negro de noche, películas con estereotipos raciales evidentes etc.), alguien capaz de llevar a casi un cuarto de millón de personas sin apenas derechos(negras en su mayoría) a la capital del país y que no haya derramamiento de sangre te está ofreciendo una alternativa al palo que te estás llevando a base de huelgas y disturbios, y a la vez enseñándote un garrote inmenso y con clavos. No entremos ya en gente de pasado violento, líderes políticos y morales de un grupo que sabe lo que es poner bombas y representa potencialmente al 80% de tu país y te dice que quiere negociar de manera pacífica sin dejar de recordarte que tu país es un polvorín. Y sí, hablo de Mandela. O de movimientos que en última instancia llevaron al papado a gente como Juan Pablo II, “patrón de la no violencia”, que también ejercían violencia definida de manera amplia, es decir, violencia económica. Solidaridad montaba unas huelgas y protestas cojonudas.

Comed paloma bomba, comunistas.



Y ahora una reflexión retórica: ¿Qué tiene que ofrecer como elemento negociador un grupo de gente sentada con las manos levantadas diciendo Estas-son (pausa para respirar) Nuestras-armas?¿Una derrota moral, sea lo que sea eso?¿Un bombardeo de excrementos rosas del séptimo escuadrón de unicornios voladores? Sólo hay que ir a la Wikipedia y ver, de la lista de movimientos que usaron como arma principal la no violencia, los que han triunfado. Excepto casos muy puntuales de protestas no antigubernamentales que como mucho consiguen victorias pírricas, todos los que lograron algo tenían un objetivo claro y unos bíceps enormes detrás de esas manos abiertas o eran una alternativa para aglutinar a la gente en situaciones de violencia incipiente o directamente descontrolada. A mucha menor escala, tras los disturbios en Gamonal el ayuntamiento se ha sentado a negociar las asociaciones que se oponían a la obra. Cosa que por otra parte debería ser trabajo de los concejales, que para eso los elegimos, pero esa es otra historia.

La violencia per se no legitima ni deslegitima una reclamación popular, sobre todo porque la violencia definida de manera amplia, o la amenaza creíble de la misma, es casi la única herramienta negociadora que tiene un colectivo que no puede encauzar sus propuestas en su marco institucional. En esa situación, una reclamación, por más noble que ésta pretenda ser, es tan fútil como la violencia sin objetivo. De hecho, la forma con la que el estado mantiene el sistema es con la amenaza de mucha más violencia, que para algo se ha arrogado Dios le ha concedido el monopolio de la violencia.

Un estado democrático lo que intenta es evitar que esta violencia se descontrole dando una herramienta no violenta: cuando una propuesta tiene una base social suficiente, los representantes saben que si no la respaldan pueden acabar en la cola del paro.

Dos no negocian si uno no tiene nada que ofrecer. Y sí, cesar hostilidades es algo que ofrecer.

Esto no tiene vocación científica alguna, son divagaciones de un becario hambriento y que en breve estará en paro que nacen de una conversación en Facebook con el señor Portrait sobre si la violencia hace ganar o perder legitimidad a una protesta.

domingo, diciembre 22, 2013

Tó lo que era zórido

Imagina que llegas a casa tras un duro día de trabajo como [respuesta múltiple: becario/precario/falso autónomo/currito sin contrato/creativo freelance/otras] y al abrir la puerta te da una bofetada el tufo a cigarro puro. Hay un par de colillas de purito tirada en la entrada. Un señor con pantuflas, pijama de franela a cuadros y una copa de balón con un gintónic te mira condescendiente a través de unas gafas de concha. Antes de que puedas decir nada, el hombre te está regañando, insistiendo en que no tienes ni puta idea de nada. Él es un tío humilde, no como tú, y ha desayunado con Felipe González y almorzado con Garzón en Niuyork y tú no. Él sabe lo que es luchar por sus derechos y por salir adelante en la vida a pesar de las trabas que le ha puesto el sistema y de no haber tenido nunca la posibilidad de ascender de administrativo de un ayuntamiento a director de instituto, no como tú que lo tienes todo hecho. Él sabe que todo va mal porque te creíste rico y comías chorizo de marca en vez de pasta hervida con queso del más barato como único sustento. Se acaba el gintónic de un trago, te da dos collejas condescendientes y se va de tu casa repitiendo una y otra vez “no tienes ni puta idea, yo sí”.
 
Ese hombre, claro, es Antonio Muñoz Molina, y esa situación es una de tantas que puede venir a tu mente cada vez que pases una página de su JRAN OVRA del pensamiento universal: Todo lo que era sólido.
Así empieza la reseña del libro de Muñoz Molina que he hecho para Musicomicbooks. Puedes continuar leyendo aquí.  Una obra imprescindible escrita por tu cuñao el que mordisquea palillos del bar y los deja de nuevo en el palillero.

lunes, noviembre 18, 2013

Becariópolis

Bienvenidos a Becariópolis, donde lo que no se cobra en euros se cobra en narrativa, se coleccionan másters por placer y la mejor recompensa es darte a conocer.

Becariópolis, esa ciudad donde no hay inmigrantes sino expats buscando crear e innovar a cambio de un firme apretón de manos y una sonrisa como recompensa, donde se comparte piso únicamente para compartir experiencias y hacer fluir las ideas de manera transversal en una red multicultural y multilingüe donde nunca nadie limpia las duchas –no digamos los váteres, ese es trabajo de inmigrantes y no de expats-, compartir oficina no es signo de impotencia financiera sino coworking; una forma de crear entornos de intercambio interdisciplinar que amalgamen ideas imposibles y olores corporales otrora incompatibles.

Becariópolis, la urbe donde el traje brillante y cepillado; la corbata ceñida y la sonrisa muestradientes purgada de paluegos en la cámara del iPhone conviven en armonía con los macarrones de setenta céntimos el kilo y algo de queso rallado por encima porque la frugalidad forja el carácter. Donde el café ahogado en vasos de cartón se mantiene humeante durante horas gracias a la potente energía creadora y al intenso networking que ante él se despliega, donde los frapuccini nunca se templan gracias a la helada luz futurista de los LEDs integrados en manzanitas plateadas.

Becariópolis, la tierra de las oportunidades donde los despidos se compensan con becarios pero tú dalo todo en el tajo que a lo mejor luego te contratamos. La tierra del yo he tenido que currar mucho y muy duro para llegar aquí y para que te curtas es mejor no cobrar, que aquí no queremos obesos. La tierra del estraperlo de cartas de recomendación y de las dos referencias académicas y dos profesionales para practicar una felación bajo una mesa imitación caoba de Merkamueble. La tierra donde los becarios son ciudadanos y el falso autónomo es el rey.

Internhood, el bello barrio de luces fulgurantes donde uno puede ver mundo y adquirir experiencia de trabajo en entornos multiculturales mientras vive en algunas de las ciudades más caras del mundo pagando el alquiler de su zulo post-etarra con la misma exquisita narrativa sobre aculturación y derechos humanos en la que cobra, pagando las pizzas congeladas con el deseo de mejorar esta pequeña roca azul que compartimos mientras jugamos a los anuncios de Benetton. El barrio donde uno puede presentarse no sólo sin rubor sino con orgullo como presidente de una subcomisión de un órgano burocrático creado por sus cohorte de stagiaires que se encarga de gestionar el management interno de la gestión externa de la representación de sus pares a la hora de reservar bares para hacer fiestas los jueves o pedirle al ayuntamiento que cierre una plaza para poder jugar al botellón mientras se ajusta la corbata o la falda de tubo. Internhood, el barrio de la élite y para la élite donde el inglés internacional campa a sus anchas y un máster que no sea mínimo en LSE es mirado con tanto desdén como el mendigo que duerme en la misma plaza colocado de pegamento o, cuando puede, de LSD.

¡Ah, Becariópolis! Donde el futuro es brillante y hoy has conocido a un señor muy importante, donde tienes suerte de que de este año de los 1000 becarios de tu empresa 700 sean mujeres y puedas dormir abrazado a una que ha caído entre vómitos y convulsiones en la fiesta en el piso de tu colega porque no quieres que muera congelada. ¡Ah, Becariópolis! Donde aquellos con perspectivas de ser directivos de unas cosas o jefes de otras cosas se reúnen, donde los artistas con planes de cubrir con papel de aluminio y macarrones un edificio hacen las veces de diseñadores gráficos para perseguir sus sueños y donde todos trabajan por un futuro difuso con dinero prestado. ¡Ah, Becariópolis! Donde los mecenas vuelven en forma de ángeles, la igualdad de oportunidades es dogma, nada hay más importante que darse a conocer para triunfar y poder explicar en una frase en qué consiste tu trabajo es de albañiles alfabetos.


Bienvenidos a Becariópolis, donde todos somos los líderes del mañana, todos somos artistas e inventores revolucionarios y donde todos estamos por encima de la media.

Becariópolis es dogma de fe, Becariópolis es un retuit para darte a conocer.

miércoles, octubre 02, 2013

Feroz crítica

Crítica feroz al actual sistema democrático.

domingo, abril 28, 2013

Vacunas a prueba de antivacunas

Andaba nadando en bilis esta tarde al leer sobre el brote de sarampión que han ayudado a extender en Gales un grupo de antivacunas subnormales (perdón por la tautología). Por si alguien no lo recuerda, aquí en España también hemos tenido, en concreto unos uno en la provincia de Barcelona con más de 280 infectados, de los cuales 254 no habían sido vacunados. La idiotez de quienes se niegan a vacunarse no sólo les afecta a ellos, sino en este caso también a 27 personas responsables. No sé exactamente cuánta inmunidad proporciona la vacuna del sarampión, pero por ejemplo la de las paperas (bastante menos potente, todo sea dicho) ofrece un 88% de protección con lo que ese 12% de gente que estaría protegida por la inmunidad de grupo, al crearse una bolsa de irresponsables, puede acabar viéndose afectada a pesar de no haber actuado cual cretino con patas. No abundaré más aquí porque en muchos blogs o en la wikipedia se puede encontrar información de estas cosas más estructurada que la que yo pueda dar.

Para quitarme el odio de las entrañas, mi cerebro me ha aplacado recordándome un plan de vacunación a prueba de cretinos, que descubrí gracias al maravilloso curso de Introducción a la Genética y la Evolución de Mohamed Noor en Coursera. A pesar de lo mucho que me gusta lo que he estudiado, si hubiese tenido a ese hombre de profesor en el instituto muy probablemente habría acabado estudiando biología. Qué tío más salao. Pero vayamos al tema. 

El dengue es una enfermedad bastante asquerosita, de esas que transmiten nuestros amigos los mosquitos, y a la que los conquistadores y misioneros españoles llamaron fiebre quebrantahuesos. El dengue, al contrario que otras enfermedades como la varicela, el sarampión etc. tiene bastante muy mala leche una vez superada, y es que una vez vencidad y desarmada cual ejército rojo la enfermedad, no se gana inmunidad contra ella. De hecho, no sólo no inmuniza el contraerla sino que, oh fortuna teológica y geométrica, si la contraes por segunda vez (normalmente si contraes una cepa distinta, porque hay varias rondando) tienes muchas papeletas para que se desarrolle como dengue hemorrágico. Como más de uno habrá imaginado, añadir la palabra hemorrágico al nombre de una enfermedad no la hace más amable sino que en este caso la vuelve más parecida a Pérez Reverte borracho, vestido de guardia civil y con un kalashníkov en el Congreso de los Diputados. Este bichejo es bastante común, e infecta a un par de cientos de millones de personas al año, aunque por suerte es poco letal: sólo un 5% de casos son dengue hemorrágico, de los cuales aproximadamente un 1% son mortales aún contando con el tratamiento adecuado. A pesar de su baja mortalidad, más de uno se habrá podido imaginar que algo a lo que los conquistadores, esa gente que se amputaba brazos en plena batalla a mordiscos, llamase quebrantahuesos no debía ser demasiado agradable, y de hecho es bastante incapacitante, además de ser contagiosa pero asintomática durante varias semanas.
Ahora que ya el amor del público hacia el virus es clamoroso y para hacer la fiesta más llevadera, diré que no hay vacuna contra el dengue. Vítores y aplausos oigo provenientes del futuro. Gracias, gracias. ¿De dónde me he sacado entonces lo del maravilloso plan de vacunación a prueba de necios? 

Hasta hace relativamente poco, la mayoría de esfuerzos para acabar tanto con el dengue como con la malaria han ido encaminados, además de a las vacunas tradicionales, a crear mosquitos transgénicos que sean inmunes a la enfermedad o no la transmitan, algo a priori más barato que vacunar a medio planeta y pelearse con los antivacunas de turno. Estas experiencias se han chocado, además de con las dificultades típicas de cualquier investigación, con la selección natural (eso les pasa por no haber prestado atención a las clases de Mohamed Noor, claro) Para que un gen se extienda, o al menos se extienda con un mínimo de rapidez más allá de la deriva genética, el gen ha de aportar algún tipo de ventaja, sino no pasará de ser un marginal en una población enorme, algo que puede ser bueno para un moderno gafapasta pero no para un mosquito transgénico. Además, crear un mosquito inmune que a la vez sea un semental vigoréxico no es ni fácil de hacer ni de vender. A ver cómo le explicas a alguien que esos súper mosquitos que le acosan día y noche y que no mueren ni con una batería antiaérea son por su bien. En este panorama aciago entra en acción Scott O’Neill, uno de esos superhéroes frikis de los que menéame se burlaría e insultaría por estar investigando con fondos públicos algo totalmente inútil a priori, en este caso una enfermedad de los mosquitos con nombre de malo final del Zelda Ocarina of Time: Wolbachia


Nada puede hacer el dengue contra Volvagia 
porque no tiene manos con las que asir un martillo.

La wolbachia, a pesar de ser una enfermedad, es muy celosa, y además de reducir la esperanza de vida de los mosquitos lo suficiente para que no desarrollen el dengue, también acaba combatiendo patógenos -incluído el dengue- que afecten a su huésped, generalmente moscas, mosquitos y algún nematodo. Si alguien tiene que cargarse al huésped que sea ella, que para eso le ha infectado con amor y con él lo matará. A pesar de la muerte prematura, no sólo como infección es bastante leve –en algunos insectos tiene incluso una relación simbiótica con el huésped y aunque mueran pronto mientras viven están más sanos- sino que, como celosa bacteria y amante autodestructiva, modifica el comportamiento sexual. En concreto, si una hembra no está infectada, no podrá tener descendencia de un macho infectado ¿Y eso por qué?¿En qué beneficia a la transmisión de la bacteria? Fácil, la Wolbachia se transmite de madre a huevo. Todos los mosquitos que nazcan de una madre infectada, estarán infectados. Los machos pueden fertilizar tanto los huevos de hembras infectadas como las de hembras sanas, pero los huevos de las hembras no infectadas no eclosionarán a pesar de haber sido fertilizados. Así, el número potencial de crías que una hembra infectada puede tener es mucho mayor que el de una hembra sana, y cuanto más extendida esté la enfermedad mayor será la ventaja.

Para esto no sólo hubo que descubrir que la wolbachia le tiene manía al dengue, sino que como ésta no está presente de manera natural –que se sepa- en ninguna comunidad de Aedes Aegypti, el mosquito que normalmente transmite el dengue- se tuvo que inocular. Una vez probada la idea en el laboratorio, el problema era conseguir una masa crítica, ya que por desgracia la bacteria es muy difícil de transmitir, y no vale con toserles encima a los mosquitos. 

Claro que no hay problema en el mundo de la investigación que no se arregle con becarios, así que O'Neill puso manos a la obra a un pobre chaval para que inyectase huevo por huevo con una jeringuilla diminuta todos los milimétricos huevos de mosquito que cayesen en sus manos. 500 al día, unos 18 000 mosquitos por suelta hasta alcanzar la masa crítica de aproximadamente un 30% de los mosquitos de una región australiana, momento a partir del cual la naturaleza siguió su curso y nuestro dragón de fuego se expandió por Queensland aniquilando a su paso la enfermedad. En realidad sólo fue en una región pequeña del norte de Queensland, pero me apetecía darle un tono épico.


Esto pero con mosquitos

Pero con un sistema así, en vez de convencer a descerebrados para que se vacunen por su bien y por el de los demás, sólo necesitamos un ejército de becarios con agujas y microscopios para que infecten huevos de mosquito allende los mares y que una bacteria de nombre molón haga el resto del trabajo por nosotros. Todo son ventajas. Siempre quedará la posibilidad de que un grupo de antivacunas hagan fiestas donde se dejen picar por mosquitos con dengue que ellos mismos críen para así no debilitar su sistema inmune, pero como decía al principio, la estupidez humana es inescrutable, infinita, procelosa y eterna.

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